Desde hace algunos años, paso algunos días del verano en la privilegiada isla de Tenerife, concretamente en el valle de la Orotava, por el que el eminente naturalista Alexander von Humboldt, sintió un especial atractivo cuando realizó su extraordinario viaje científico, durante su visita a la isla en junio de 1799. Humboldt, realizó una ascensión al Teide, sus observaciones reflejadas en sus escritos, tienen mas referencias a las especies vegetales que al estudio geológico.y volcánico. Sin embargo sus observaciones acerca de las mediciones de la altura del Teide, realizadas por el navegante francés Borda y Varela, son sumamente interesantes. Los estudios llevados a cabo por Humbolt, durante su estancia en Tenerife, han quedado reflejados en su trabajo “ Viaje a las islas Canarias” publicado en 1816, del que tomaremos alguna de sus reflexiones.
Nuestra modesta colaboración , está encaminada a relacionar su enorme altura: 3.718 metros ( el pico mas alto de España) con las navegaciones efectuadas a las Canarias, desde los tiempos mas remotos, en los que las cumbres del Teide en muchas ocasiones han servido para orientar a los navegantes.
Cualquier visitante de Tenerife, puede comprobar, que los alisios, son portadores de nubes, que con frecuencia impiden ver la cumbre del Teide, desde la propia isla formando lo que allí se conoce como: el “mar de nubes”, pasado el cual en ascenso, la atmósfera está despejada, por lo que en ocasiones y desde larga distancia se puede avistar la cumbre por encima del cielo cubierto. Este hecho, que ha sido observado por muchos de los navegantes de aquellas aguas, ha servido para orientar a los marinos en sus viajes oceánicos. Sin embargo, la situación exacta del buque no fue posible determinarla hasta la invención de los instrumentos de reflexión y la medición exacta de la altura del Teide, medición llevada a cabo por la expedición científica de Borda.
Las navegaciones a Canarias en la antigüedad.
Las Canarias y en concreto Tenerife, fueron conocidas desde la antigüedad como atestiguan numerosos relatos de los escritores , aunque en ocasiones los relatos mitológicos se confundan con la historia real.
Un historiador del prestigio del profesor Gómez- Tabanera ha escrito lo siguiente “Sin pronunciarnos por el momento de esta temprana arribada fenicia al Nuevo Mundo, cabe admitir empero que los fenicios navegaron por las costas atlánticas mas allá del estrecho de Gibraltar, llegando hasta las Canarias”. Existen otros muchos testimonios de los navegantes de la antigüedad por los mares de las Canarias, quizás sea Plinio y su “Naturalis Hiatoriae”el que nos proporciona la información más amplia.
Eustaquio Villalba en su libro de reciente publicación “El Teide una mirada histórica”,afirma que “ los primeros seres humanos que arribaron a las Islas Canarias fueron marinos procedentes del Mediterráneo y del Estrecho de Gibraltar ( tartesios, fenicios, foceos, cubeos, etruscos etc, ). Señala que en la isla de la Graciosa se ha encontrado cerámica fenicia, datada en 1.100 a.C.), añadiendo que en la cueva de Don Gaspar de Tenerife, se han encontrado semillas de varios cereales, datadas en el siglo VIII a. C. época coincidente con la expansión fenicia. Complementa este magnífico trabajo de Villalba, un breve y documentado estudio de Agustín Isidro de Lis y Francisco La-Roche Brier , sobre la medición histórica del Teide, al que mas tarde nos referiremos.
Como es sabido la relación de escritores griegos y latinos, que nos hablan de las Macaron Nesoi, las Fortunate Insulae, las islas Purpurarias, Islas de los Bienaveturados y otros nombres por los que fueron conocidas las Islas Canarias, es bastante larga. Algunos de los relatos que han llegado hasta nosotros, están a caballo entre la realidad y mito y no es fácil separar donde está la frontera de mitos como el de La Atlántida que son tan bellos, que merecerían ser reales. Nosotros pretendemos recordar, aquello que esté más próximo a la realidad, sin olvidar leyendas tan relacionadas con aquel archipiélago como la leyenda sobre San Borondón, el Jardín de las Hespérides, y la ya mencionada Atlántida.
Al final de la Edad Media, algunos navegantes europeos se aventuraron de nuevo a desafiar al “Mar Tenebroso y emprender navegaciones atlánticas, que en principio proceden de las llamadas repúblicas marítimas italianas, concretamente de la Génova, aunque los mallorquines también participarán en estos viajes y más tarde llegarán los onubenses, venecianos, normandos, etc. hasta generalizarse estos viajes marítimos, a partir del siglo V, con el descubrimiento de América.
Las primeras noticias de estos viajes tiene como protagonistas a los hermanos Ugolino y Vadino Vivaldi , que en 1291 emprendieron una expedición para “ire in Levante ad partes Indiarum”. Demetrio Ramos, afirma que en este viaje de las galeras “Alegranza” y “San Antonio”, participaron pilotos mallorquines y costeando el litoral africano , debieron llegar a las Canarias, aunque es posible que algunos siguiesen navegando hasta el Níger. El hijo de Ugolino Vivaldi, Leone buscó a su padre por diversos lugares de Africa sin encontrarle.
Otros navegantes como el genovés Anoniotto Usodimare, que llegó hasta las islas de cabo Verde pudo haber pasado por el archipiélago canario, aunque no ha quedado ninguna constancia de ello. Por el contrario hacia 1312, el también genovés Lancerotto Malocello o Mailosel , llegó a Lanzarote, permaneció en la misma unos 20 años y fue la persona que ha dado el nombre a la isla. nombre y que figura en el famoso atlas catalán del mallorquín Abraham Cresques de 1375 y en portulanos trazados anteriormente.
En 1341, se produjo otra expedición, que partió de Portugal, aunque financiada por florentinos, con gentes de mar florentinos, genoveses, españoles de Castilla y otros españoles…Esta expedición según Demetrio Castro, no tuvo lugar hasta 1827, fecha en la que se publicó el manuscrito, con el relato escrito por Nicolaso de Recco. Acerca del Teide dice el citado manuscrito, publicado por Eustaquio Villalba “También existe una isla en la que no quisieron desembarcar porque en ella ocurría cierta maravilla. Dicen que allí existe un monte que, según sus cálculos, tiene treinta millas o aún mas de altura, que se ve desde muy lejos y en cuya cima se divisa cierta blancura… Dieron la vuelta a la isla y por todas partes observaron lo mismo por lo que consideraron que estaban en presencia de un encantamiento y no tuvieron valor de descender a tierra”.
Sobre una expedición llevada a cabo en 1393, la información es algo confusa. El Padre Mariana come
ntó el hecho en estos términos “ Lo que hizo a este año ( 1393) muy señalado fue la navegación que de nuevo a cabo de largo tiempo, se tornó a hacer a las Canarias”.
Demetrio Castro, afirma que a finales del siglo XIV, no hay constancia expresa de mas viajes a Canarias, que el ya reseñado de 1393 y añade que tan sólo Ortiz de Zúñiga en sus “Anales sevillanos , refiriéndose a 1399 señala que “era muy frecuente por estos tiempos la navegación desde Sevilla y los puertos de Andalucía a las Islas Afortunadas”, con lo que corrobora las afirmaciones del Padre Mariana.
Guillermo Céspedes del Castillo, precisa que las expediciones andaluzas a esas islas se iniciaron en 1393 para no interrumpirse ya en los años siguientes.
La siguiente expedición, tiene como protagonistas a los normandos Gadifier de la Salle y Jean de Bethencourt, vasallos del rey de Castilla, Enrique III, que arriban al archipiélago a principios del siglo XV y permanecen en Canarias durante casi treinta años sin terminar su parte del pacto. Serán ya los Reyes Católicos, los que decidan llevar a cabo la conquista de las islas, tan vitales para la política atlántica que pretenden implantar.
Siguiendo a Villalba, señala la escasa existencia de documentos del siglo XV relacionados con el Teide, uno de estos documentos citados por Villalba, es la Crónica del descubrimiento y conquista de Guinea, de Gomes Eanes de Zurara de 1448, cuyo texto es el siguiente ; “La sexta (isla) que es la de Tenerife o del Infierno, porque tiene en su cima hay un cráter, por el que siempre sale humo. La altura del Teide y sus terroríficas erupciones, se repiten con frecuencia en las crónicas de los navegantes de estos siglos.
Hacia 1455, el navegante veneciano Alvise di Cada Mosto, explora por mandato de D. Enrique el Navegante, las costas occidentales de Africa y pasa por ser el descubridor del archipiélago de Cabo Verde. Es evidente que en este viaje Cada Mosto tuvo que avistar Canarias y así lo refiere en su crónica “Tenerife es una de las islas mas altas del mundo, pues con un tiempo claro se la divisa de una enorme distancia; y marineros dignos de fe aseguran haberla visto, en su opinión desde sesenta y sesenta millas españolas, pues en medio de ella hay un pico, en forma de diamante, que es altísimo y que arde continuamente. Posteriormente Cada Mosto afirma que desde la base a la cima hay una distancia de quince leguas portuguesas, que son sesenta millas italianas. Trataremos de buscar la equivalencia de estos datos a las medidas usadas en la actualidad.
La cartografía y las islas canarias
Como hemos podido comprobar las islas Canarias fueron conocidas desde la antigüedad, pero también nos interesa saber si se conocía su situación geográfica. Los estudios realizados por P.T. Kayser, sobre los relatos de Plinio, han llegado a la conclusión de que en sus tiempos se conocía con bastante aproximación la situación del archipiélago canario. Otro tanto puede afirmarse de los estudios realizados por P. Meirat acerca del viaje de Hannón de Cartago, como ha señalado el investigador Marcos Martínez, en su estudio sobre éste y otros textos clásicos.
En las llamadas cartas portulanas de finales de la Edad Media, figura ya dibujado el archipiélago o al menos parte del mismo, como es el caso del realizado por el mallorquín Angelino Dulcert en 1339, en el que figuran tan sólo Lanzarote y Fuerteventura, que geológicamente son también las islas mas antiguas de Canarias. En el célebre Atlas catalán del judío mallorquín Abraham Cresques de 1375, se dibuja ya todo el archipiélago canario. Ambos documentos se conservan en la Biblioteca Nacional de París y constituyen dos piezas muy importantes de la cartografía medieval mallorquina., que en realidad son las primeras cartas portulanas , de la llamada escuela mallorquina, cuyos trabajos cartográficos se prolongarán hasta mediados del siglo XVI, (1569 ) fechas en las que como ha afirmado Julio Rey Pastor “la proyección de Gerardo Mercator resolverá el problema de trazar el rumbo exactamente entre dos puntos cualesquiera”. La cartografía de las islas canarias es bastante extensa, al no ser posible relacionarla, creo necesario destacar el realizado por Leonardo Torriani en 1592, reproducido parcialmente por Juan Tous Meliá en 1996.
La astronomía y la determinación de la longitud. Elección del primer meridiano.
En 1666, a instancias de Colbert, ministro de Luis XIV, se crea la Academia de Ciencias de París y su observatorio astronómico. En 1675, reinando Carlos II comienza a construirse en una colina de Greenwich , el Observatorio de Greenwich, cerca del cual se alza el actual Museo Naval de Greenwich y el hospital del mismo nombre. El primer director del observatorio fue John Flamsteed, al que sucederán , Halley, Bradley y el célebre Maskelyne , que ejerció su cargo durante 44 años desde 1764 a 1818. Estos centros científicos fueron los impulsores de los estudios de los movimientos de los cuerpos celestes, que contribuyeron a determinar la longitud en la mar. En España, tras la expedición científica al virreinato del Perú, a instancias de Jorge Juan, se creó el Real Observatorio de Cádiz en 1753. Al propio tiempo se llevaron a cabo numerosas expediciones científicas, por todo el globo, por hombres como Boungaville, el capitán Cook etc. y otros marinos, que contribuyeron poderosamente al conocimiento de nuevas tierras. Con el hallazgo de la longitud, se llevaron a cabo numerosos trabajos cartográficos. Una referencia obligada en los nuevos levantamientos era señalar el lugar elegido como primer meridiano. Salvador García Franco, afirma que Ptolomeo, había fijado el que pasaba por la isla del Hierro. Los holandeses situaron el primer meridiano en las islas Canarias, pasando por el pico del Teide . La asamblea convocada por el cardenal Richelieu, acordó que se adoptase como primer meridiano, el que pasa por la parte mas occidental de la isla del Hierro. Para hallar la determinación geográfica exacta de la isla del El Hierro en 1724 se había enviado a una expedición francesa a cuyo frente estaba Louis Feullé, que además midió la altura del Teide era de 4.313 metros, que como afirman de Lisa y La Roche Brier, esta medición representaba un error de sólo el 16%.
Unos años mas tarde , en 1771, a bordo de “La Flore”, llegaron a Canarias Verdún de Crenne, P. Pingré y Jean Charles Borda , que en opinión los autores citados anteriormente tienen como misión : “verificar los modelos de cronómetros marinos cuyos creadores se disputaban en Francia valiosos premios para conseguir mayor precisión, bajo condiciones extremas en la navegación”.
La misión resultó un fracaso, ya que se cometieron graves errores en las mediciones. Como consecuencia en 1776, se enviaron a Tenerife los buques “La Bussole” y “L’ Espiégle, el primero de ellos ibaal mando de Borda, conocido también como el Caballero Borda.
La reseña histórica de Borda, la resume así García Franco: “el “chevalier Borda ingresó en la Marina francesa ya cumplidos los treinta años sin haber pasado por la Academia y éste insigne hombre de ciencia, que tanto honró a su patria. Finalmente en 1738, el meridiano de Greenwich, fue considerado en Inglaterra como el origen de las longitudes.
Según García Franco, Borda había ideado un círculo de reflexión exento completamente de los defectos del círculo ideado por Mayer. A lo que añade mas adelante Borda superó en mucho el invento de Mayer. Hizo el anteojo mas corto, de modo que el objetivo no llegase al centro del círculo; separó de la periferia el espejo llamado horizontal , consiguiendo la notable ventaja de que el anteojo podía recibirla imagen reflejada, bien por la derecha, o bien por la izquierda.
Martínez Hidalgo, afirma que Jean Charles Borda. ingresó en la marina, procedente del ejército y lo describe como hombre cultísimo y celoso de su deberes, al que se debe el círculo de reflexión de su nombre, aunque inventado ya antes por Tobías Mayer, unas tablas trigonométricas publicadas luego por Delambre y muchos experimentos para determinar las leyes de la resistencia de los fluídos, a lo que añade que Borda fue miembro de la Academia de Ciencias de París.
En Tenerife el caballero Borda, coincide con el célebre Capitán Cook, ( del 1 al 4 de Agosto) que antes de partir de Plymouth el 8 de Julio de 1776, había recibido entre otras instrucciones del Almirantazgo británico de hacer escala en Canarias, antes de emprender su tercer viaje exploratorio. Los dos navegantes intercambiaron alguna información, tras lo cual Borda comienza los preparativos que le han llevado a la isla canaria: determinar la posición exacta de Santa Cruz y también del pico del Teide y medir con exactitud su altura.
La utilización de los últimos adelantos en cronometría, permitían obtener una mayor exactitud en la longitud del lugar y por otra parte, dada la enorme altura del Teide, los navegantes podían obtener fácilmente su posición, midiendo su altura con un sextante y efectuando un vómo cálculo, hoy día tabulado. Los preparativos y la ejecución de estos cálculos los han descrito pormenorizadamente Isidro Agustín de Lis y Francisco de la Roche Brier, en su excelente trabajo “ La medición histórica del “Teide”, anexo al documentado estudio de Estaquio Villalba titulado “ El Teide una mirada histórica”.
El resultado de los cálculos de Borda, arrojó una altitud de 3.712 metros, con un error mínimo, ya que su altura exacta calculada posteriormente por procedimientos mas sofisticados da una cifra de 3.718 metros.
El que esto escribe desde que contempló por primera vez la grandiosa montaña, ha sentido una especial atracción por su grandiosidad, durante sus frecuentes estancias en el valle de la Orotava, todas las mañana ha contemplado su mayestática figura, antes de que los vientos alisios, la cubran con su “mar de nubes”, expresión como se conoce habitualmente en la isla, por tanto no me sorprende en absoluto que su altura infundiera tanto terror a los primitivos navegantes, cuando contemplaban las violentas erupciones del Teide.
Ricardo Arroyo Ruiz Zorrilla
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