El Giraldilla de nuevo entre nosotros
Este admirable velero, que hoy se mece tranquilo en los pantalanes
del Real Club Náutico de Valencia, oculta a los ojos del profano una larga y entrañable
historia, que va más allá de su estilizada imagen. Quien lo hubiera visto en noviembre
de 2002, arrumbado como un trasto viejo, en el estuario del Tajo, no daría crédito
a lo que ahora ven sus ojos. Pero para enfrentar lo imposible está la voluntad
irreductible de las personas. La "Fundación Hispania de barcos de época" empeñó
sus energías en "hacerlo volver" al mar. Un mar, que asombrado de su ausencia,
lo citaba y provocaba con sus olas, sin obtener respuesta de su inerme cuerpo
abandonado, lo único que conseguía era un deterioro progresivo y visible que habría
acabado por destruirlo sin remedio. Y hoy está aquí, de nuevo entre nosotros,
para brindarnos el placer de poder contemplar sus finas líneas, para hacernos
vibrar a bordo con nuevas singladuras. Era mucho lo que se necesitaba hacer y
lo primero de todo, traerlo "a casa de vuelta". Desde el principio no tuvimos
la mínima duda de que hoy en día debe buscarse la unión de voluntades para los
grandes objetivos. En la Fundación compartimos el criterio de que nuestra mayor
fuerza es la capacidad de generar ideas operativas y somos conscientes de que
tenemos una aceptable capacidad de desarrollarlas. Esta capacidad organizativa
sé, por mi profesión, que es nuestro mayor valor añadido. También conocemos nuestras
debilidades. La más limitativa es nuestra capacidad material. Así las cosas, era
obvio que el camino a elegir era compartir facultades para generar sinergias con
las que superar las carencias. Pero antes, mientras planificabamos el traslado,
era el momento de presentar el proyecto a las Instituciones que siempre se mostraron
propicias a las actividades de la Fundación; era ineludible conseguir apoyo financiero. 
Una vez más, el Consell de Mallorca estuvo ahí donde se le
necesitaba. La sensibilidad de su Presidenta, María Antonia Munar, por la vela
de época y clásica, ya nos era patente desde que en 2002 defendió con ahínco,
y garantizó con su empeño, la insularidad del Trofeo "Almirante Conde de Barcelona",
organizado por la Fundación desde hace 20 años. Así quedó patente de manera pública
en sus propias palabras, durante la ceremonia de entrega de trofeos en el Palacio
de la Almudaina, en presencia de S.M. el Rey. Hoy, dos años más tarde, su
aportación decidida y generosa, amplia y necesaria, nos concedió apoyos con que
garantizar el resultado de una restauración que exigía una acción extensa, intensa
y costosa sobre el deteriorado yate. Si hablábamos de mar y de navegar a vela,
a la organización a la que debíamos dirigirnos para la restauración era la Armada
Española. Y así lo hicimos. Transportamos el yate a Cartagena, a lomos de un camión
remolque; humillante cabalgadura para un corcel del mar como él. Con la financiación
del proyecto garantizada, sólo necesitábamos el apoyo de la Armada y sus Arsenales,
especialmente el de la ciudad departamental, que cuenta con contrastada experiencia
en carpintería de ribera; algo muy necesario para garantizar los resultados buscados,
que ahora están visibles. La ayuda del almirante del Arsenal fue entusiasta desde
el principio. Los carpinteros de ribera nos dieron una lección práctica de cómo
se hacen bien las cosas: orden, control y oficio a partes iguales. Sorprendieron
las "cartas de maderas" y "cartas de pintura", la minuciosidad de las descripciones
y anotaciones, "...cintón de mesa de baos; pino de Oregon... obra muerta: especificación
imprimaciones - "International Interprime 820" (2 capas)...". Resultaba fácil
imaginarse la época cuando del mismo Arsenal salían, recién construidos, galeones
para el Rey de España, ¡qué siglos! "Galeón San Justo; VELAMEN: 2 papahigos para
el palo mayor, con sus bonetas y relingas..." Fue enternecedor ver cómo poco a
poco se le iba despojando de la "vieja piel", rota, herida, inservible; cómo iban
desapareciendo los herrajes herrumbrosos, corroídos, llenos de orín; cómo se le
extirpaba una cubierta descompuesta por culpa de un plastificado irrespetuoso
de hacía muchos años. Tal parecía que se le desguazaba para siempre. Pero tras
todo este trajín se ocultaba un método riguroso cuyo objetivo era robustecer aquel
barco achacoso, con paciencia, meticulosamente, paso tras paso, sin que se saltase
ninguno ni sobrase nada de lo hecho. Cual ave fénix resurgía de sus miserias
por el esfuerzo hermanado de instituciones que compartían un afán común. Pero
claro, ¿qué no haríamos por un barco de tanto significado para la Fundación?.
Aunque sea de sobra conocido no está de más un breve paseo por la historia. Esta
magnífica embarcación, aparejada en "yola" (con el palo popel a popa del eje de
la mecha del timón), nació con otro nombre: "GIRALDA". Su primer capitán fue SAR.
Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona (qDg). Con él navegó hasta que con la llegada
del actual "GIRALDA", lo rebautizó con el definitivo de "GIRALDILLA". Al tiempo,
el buen yate comenzó el peregrinaje de armador en armador. Lejos de las manos
de Don Juan, que con tanto esmero lo mantenía, su figura comenzó a declinar. Con
los años parecía que se cebaba en él la maldición que la tradición marinera atribuye
a los barcos que cambian de nombre. Pero las "maldiciones" se superan con la fe
en la empresa común. Hoy, Don Juan, nuestro mentor, quién nos comunicó el primero
de nuestros mandamientos fundacionales: "mientras podáis, no dejéis que esta tradición
y este patrimonio naval español se eche a perder por el abandono", hoy, digo,
me lo imagino en el silencio de la noche trasteando por entre baos, varengas y
cuadernales comprobando el oficio de artesanos y carpinteros y, obviamente, sonriendo
satisfecho, por ver a su viejo barco en buenas manos. Y así, cuando nadie me ve,
busco, ¡no sé!, tal vez un remolino inexplicable de aire en un rincón y, por si
acaso, digo muy quedo "orden cumplida, Señor". Puede parecer sensiblero...pero
confieso que lo hago. ¿Qué me impulsó a unirme a la Fundación y comprometerme
con sus objetivos? Pues ya que estamos de confesiones no arriemos el ferro. En
mi caso, el "GIRALDILLA" libera un cúmulo de sentimientos de los que, algunos,
enraízan en los cimientos más íntimos de mi experiencia vital. Lo que empezó con
una colaboración estrictamente profesional, desde mi puesto como oficial de la
Armada en 1993, se ha consolidado en un compromiso de voluntad como patrono fundador
en el seno de la Fundación. Rememorar estos once años me resulta entrañable. Mi
intención al compartir los recuerdos con quien sea que lea estas parcas líneas
no es otra que intentar transmitir una experiencia, que además de gratificante,
ha contribuido a enriquecerme como persona. Ya ha quedado dicho que partía de
una inclinación natural, por mi oficio de hombre de mar, y por mi afición antigua
al deporte de la vela. En la Armada sabemos lo importante que es este deporte
como complemento para la formación marinera de los que formamos en sus filas.
Pero no se trata únicamente de la mera instrucción marinera, de coger "oficio"
en el manejo de embarcaciones. Haciendo mías las palabras del "jefe", el almirante
Marcial Sánchez-Barcáiztegui, tal como las plasmó hace un año, la competición
de vela "...permite la práctica del liderazgo, la forja del carácter, la experiencia
del trabajo en equipo, la superación de las dificultades y los traspiés de la
competición, la experiencia de la empatía y el altruismo; todo ello es posible
en un escenario de gran realismo en la competición de vela; y todo ello es importante
para el ejercicio de la profesión del marino". Los últimos años trabajando, "sin
perjuicio del destino", con este admirable hombre de mar dejarán profunda huella
en mi carácter, y un tesoro de enseñanzas. Confieso además que donde más a gusto
me encuentro es "con el petate a bordo". Y dado que por edad y condición hoy me
toca servir "en seco", el mundo de la vela me ofrece la posibilidad de compartir
mis aficiones con la sociedad civil. Cosa que me ha procurado buenas experiencias.
En la vela de competición surgen y maduran amistades que perduran toda la vida
y establecen lazos de una calidad humana excepcional. Y volviendo a las palabras
del "jefe" "...y es que nada nos hace tan iguales como la mar que sabe poner a
cada uno en su sitio y o bien nos devuelve a tierra o bien nos moldea y doma hasta
quedarnos enganchados de su salitre...". Como oficial de la Armada, en las filas
de la Delegación de Vela he tenido oportunidad de participar en un proyecto de
reestructuración organizativa. Este contacto con la realidad tangible es muy necesario
para evitar perderse en ensoñaciones, que pueden ser maravillosas, pero que también
pueden dejarte náufrago de razón. Para la Armada los actuales retos pasan
por diseñar nuevas estrategias en un contexto de recursos escasos, donde las acciones
de mantenimiento se hacen cada vez más complejas y costosas; y por la coordinación
de dotaciones más variadas y numerosas, porque es primordial cuidarse del factor
humano, razón última de la existencia de barcos de regata en la Armada, de capital
influencia en los resultados deportivos. Menciono estos aspectos organizativos
porque en la Fundación pensamos en el desarrollo de un proyecto que bien puede
ser ejemplo de esa búsqueda de la sinergia antes señalada; démosle un breve vistazo.
De todos los recursos escasos, el más valioso es el capital humano, o abundando
en su significado, el tiempo que consume un capital humano de calidad. Pues bien,
dado que estamos tratando de un tema que es colateral en el seno de los objetivos
de la Armada, la Fundación bien puede aportar su capacidad organizativa: planes,
proyectos, conocimiento de métodos de trabajo, experiencia previa... ¿Para qué
tantas cosas?  Porque
la Fundación prevé participar en los circuitos de regatas de barcos clásicos y
de época en el entorno del Mediterráneo, cosa que es inminente con el concurso
del "GIRALDILLA". La idea de cooperación Armada-Fundación consistiría en que nosotros,
la Real Fundación, ponemos la planificación, los barcos, la infraestructura en los
diversos puertos donde se celebran las pruebas; y la Armada comisiona a aquellas
personas que considere que le conviene que estén presentes en dichas competiciones
y, ocasionalmente, apoya con puestos de atraque en sus Bases. Y como ella otras
Instituciones que ya empiezan a participar de este proyecto compartido. El
objetivo final que buscamos es navegar con tripulaciones formadas por miembros
de multiplicidad de Instituciones, como muestra de la pluralidad de niveles de
participación del Estado. Al mismo tiempo, la Armada nos enriquecería con un acervo
que expone el preámbulo del proyecto de nuevo Reglamento Orgánico de la Vela:
"La instrucción marinera ha sido tradicionalmente una de las asignaturas cardinales
de las Escuelas de la Armada... El aprendizaje en el manejo de embarcaciones menores
es el primer paso en la carrera de los componentes de la Armada. Su uso reglado
forma parte de un acervo común que las Escuelas están encargadas de transmitir...".
Personalmente percibo "horizontes claros y cielos despejados". La solución parece
idealista, tal vez demasiado idealista, pero es posible. Me dejo en el tintero
otros recuerdos y sentimientos que por demasiado íntimos y demasiado antiguos
quedan completamente desdibujados para ser mostrados en el presente escenario.
Sin embargo los menciono porque forman el tercer pilar de mi respuesta al "banderín
de enganche" de la Real Fundación y porque les debo este reconocimiento tácito. También
en este caso busco a veces "señales" a las que decir muy quedo "orden cumplida,
..." Francisco Benavente Meléndez de Arvás Patrono Fundador - Capitán
de Fragata. |